SOY UN PUNTO

29.01.2014 17:27

Por: Lucy  Medina Velandia.    No es fácil para mí ser un punto. Mis obligaciones son muchas cuando alguien escribe, voy a compartirle algunas de ellas.

Cuando usted elabora un texto, si no me coloca en el lugar indicado, el sentido de sus frases o ideas cambian radicalmente. Soy útil porque le indico cuándo debe hacer una pausa obligatoria y facilito la arquitectura de su pensamiento escrito. También le colaboro en delimitar sus frases, párrafos o establecer una jerarquía sintáctica de las proposiciones, y de esta manera, producirá un escrito estructurado, con ideas claras y ordenadas.

Generalmente, me colocan cuando termina una idea, un párrafo, una oración o un enunciado. Es más, me doy el lujo de jerarquizar sus ideas en primarias o secundarias, esto permite que no existan ambigüedades en su escrito.

Con mis compañeros, los otros signos de puntuación, tenemos una tarea muy importante, esta es la de facilitar la comunicación entre los seres humanos, ¡nada menos!; pero tengo una tristeza, los jóvenes y aquellos que utilizan los nuevos medios de comunicación y las redes sociales (como blogs, chat, SMS, etc.), han adecuado su escritura a las velocidades que requiere la transmisión inmediata; por tanto, han tenido que elaborar sus propios lenguajes, contribuyendo en parte a la degradación de la lengua castellana, y todo esto, por la rapidez con la que se debe escribir a través de estas nuevas tecnologías.

Luego de esta introducción, voy a entrar en materia; es decir, le recordaré y contaré en dónde puedo estar presente y cuáles son mis principales deberes: puedo estar separando enunciados dentro de un párrafo. Es lo que se denomina el punto seguido; es decir, aquello que se escribe después del punto. Mientras que, si usted quiere separar dos párrafos que tienen contenidos diferentes, se colocará el punto aparte. Soy muy necesario cuando en su escrito termina un enunciado o finaliza su gran escrito, allí debo estar presente inevitablemente; por esta razón, me han llamado punto final; si no me escriben, quienes leen su escrito, pensarán que va a continuar con la idea.

Ahora voy a contar algo que a veces no se tiene en cuenta acerca de mi importancia, principalmente, cuando me encuentro en compañía de otros signos. ¡Es muy interesante! Si estoy acompañado de mi amiga la coma, tengo el nombre de punto y coma, así cumplo una función que es la de separar las distintas partes de una oración cuando esta es larga, pero en la que ya hay varias comas. En la lectura, se debe realizar una pausa más larga que una coma, pero más corta que un punto. También me escriben antes de conjunciones que se han llamado conjuntivas, como son, aunque, pero, mas, no obstante, sin embargo, por tanto, por consiguiente, en fin. Le enseñaré un ejemplo: los zapatos son negros; el gato, blanco; el árbol, verde; y el sol amarillo.

Ahora, también puedo ir acompañado por otro punto, los conocidos dos puntos, muy útiles cuando se requiere enumerar algo, veamos un ejemplo. Si una dama le pide a su esposo comprar algunos víveres antes de llegar a casa, le comunicará así: —Juanito, por favor debes comprar: frutas, verduras, jabones y pan negro—.

Otro uso importante es cuando usted quiere saludar por escrito a esa persona que ama tanto, o va a enviar una carta, le escribe algo parecido a esto: querido Juanito: (…). Si tiene necesidad de indicar algo textual de otro autor, usted coloca los dos puntos antes de escribir lo que él afirma: “(…)”.  Recuerde que debe escribirme antes de algunos verbos como contestó, preguntó, objetó, arguyó, dijo y todos sus sinónimos. Para que lo comprenda mejor, se lo explicaré textualmente. Entonces, Juanito preguntó: ¿Hago la tarea?

Les voy a recordar otro uso que es muy frecuente. Cuando estoy acompañado por dos amiguitos iguales a mí, es decir tres puntos, así me llaman puntos suspensivos. En este caso, mi gran labor es la de ayudar al escritor cuando quiere dejar sin concluir una frase y desea que el lector quede con duda, ironía o temor, justo ahí me debe colocar. ¿Quiere que le de un ejemplo? Se lo daré con gusto: Y ella sonreía y quizás…, él me hizo el favor, tú podrías… En el momento que quiera referirse a algo que la gran mayoría de lectores ya saben, por ejemplo: dime con quién andas…, blanco es…, más vale pájaro en mano que…

También estoy en los signos de interrogación, tanto en el que abre como en el que cierra la pregunta. Estoy tan seguro, que si no estuviera acompañando estos signos ellos no podrían funcionar de la misma manera… es posible que no se pudieran reconocer. Un consejo muy necesario, escriba siempre los dos signos, tanto en el inicio como en el final de la oración interrogativa. ¡Ah! se me olvidaba hacer otra sugerencia: luego de escribir el signo de interrogación que finaliza la oración, no se requiere volver a ponerme otra vez. Porque el signo ya contiene su propio punto.

De la misma manera, formo parte de los signos de admiración; sin mí, ¡este pobre signo no sería nada más que una línea insignificante! Gracias a mí este símbolo adquiere sentido. Es importante que estemos ubicados tanto al abrir como al cerrar una oración exclamativa, imperativa, exhortativa o una interjección; por ejemplo, ¡Esto no es justo!, ¡Qué buen plan!, ¡Ay!, ¡Eh!, ¡Oh! Y no se olvide: así como con el signo de interrogación, después de cerrar un símbolo de admiración, no me escriba otra vez.

Además de estos valiosos usos, hay otros más como cuando estoy presente en las letras. ¿Qué sería de una i, o una j, sin mí? Solamente, intente leer en su mente una frase que tenga estas letras e imagínela sin puntos. Así podrá confirmar que   no es fácil reconocerlas, ¿verdad?

No olvide que debe colocarme después de una abreviatura tal como Sra., Sr., Dr., etc., o cuando vaya a escribir un número decimal donde no coloquen a mi amiga la coma. También soy necesario cuando desee separar la hora de los minutos: 10:46 a.m.

Para finalizar este recuento sobre los usos que tengo en la escritura y la importancia como signo de puntuación, les recordaré otra forma en que también me utilizan cuando alguien tiene mal genio o quiere demostrar autoritarismo, —y si no estoy en lo cierto contradíganme—, cuando usted o su jefe, esposo o esposa, etc., quieren dar una orden imperativa y definitiva, seguro que han dicho en alguna oportunidad: “…¡Y punto!”

Por favor, no se olvide de utilizarme siempre, porque, aunque sea chico, tengo una gran importancia en su vida.

Hasta punto… Digo, ¡hasta pronto!

Contacto

Escritos sobre Diversos Temas lunome07@hotmail.com